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¿Yoga o Pilates? Las diferencias que debemos conocer antes de empezar

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Empezar a hacer ejercicio suele venir acompañado de muchas preguntas, especialmente cuando estamos buscando una actividad que nos permita movernos, sentirnos mejor y mantener cierta constancia. Entre todas las posibilidades que encontramos actualmente, el yoga y el Pilates aparecen con mucha frecuencia. A simple vista, incluso pueden parecernos bastante similares porque ambas disciplinas suelen practicarse sobre una esterilla, incluyen movimientos controlados y conceden importancia a la postura y a la respiración. Sin embargo, cuando empezamos a conocerlas, descubrimos que tienen enfoques diferentes y que nuestra experiencia puede cambiar bastante dependiendo de cuál elijamos.

La buena noticia es que no necesitamos decidir cuál es mejor en términos absolutos, porque probablemente esa pregunta ni siquiera tenga una única respuesta. Lo verdaderamente interesante es conocer qué caracteriza a cada práctica, qué podemos esperar durante una sesión y cuál puede ajustarse mejor a aquello que estamos buscando. También podemos practicar las dos si nos gustan, ya que no son necesariamente actividades enfrentadas y pueden formar parte de una misma rutina de ejercicio.

Yoga y pilates se parecen, pero no son lo mismo

Es fácil comprender por qué muchas personas confunden ambas actividades antes de probarlas. En una clase de yoga y en una de Pilates podemos encontrarnos trabajando sobre una esterilla, realizando movimientos relativamente lentos, controlando la posición del cuerpo y prestando atención a nuestra respiración. Además, ninguna de las dos necesita parecerse al entrenamiento tradicional que asociamos con correr, levantar pesas o utilizar máquinas de gimnasio. Estas semejanzas hacen que desde fuera podamos tener la sensación de que estamos hablando prácticamente de lo mismo.

Las diferencias empiezan a aparecer cuando observamos el origen y el planteamiento de cada disciplina. El yoga tiene una historia mucho más antigua y comprende prácticas físicas, respiratorias y meditativas dentro de una tradición mucho más amplia. El Pilates, por su parte, fue desarrollado por Joseph Pilates durante el siglo XX como un método de acondicionamiento físico basado en el control del movimiento. Por tanto, aunque actualmente podamos encontrar clases de ambos dentro de gimnasios y centros deportivos, sus puntos de partida son distintos.

También debemos tener en cuenta que dentro del propio yoga existen estilos muy diferentes. Una sesión tranquila donde mantenemos determinadas posturas durante más tiempo puede tener poco que ver con una práctica dinámica en la que enlazamos movimientos de manera continua. Algo parecido sucede con Pilates, donde encontramos ejercicios realizados sobre esterilla y también modalidades que utilizan máquinas específicas. Por eso no conviene formarnos una opinión definitiva después de observar únicamente una clase.

En yoga la respiración y la atención tienen un papel fundamental

Cuando comenzamos a practicar yoga, descubrimos que no se trata simplemente de colocarnos en determinadas posturas. La respiración acompaña buena parte de la práctica y puede ayudarnos a mantener la atención en aquello que estamos haciendo. Dependiendo del estilo, podemos permanecer durante varios ciclos respiratorios en una postura o enlazar diferentes posiciones siguiendo un ritmo determinado. Esto hace que el movimiento no se realice de manera completamente independiente, sino relacionado con nuestra forma de respirar y con la atención que prestamos al cuerpo.

El National Center for Complementary and Integrative Health de Estados Unidos explica que el yoga suele combinar posturas físicas, técnicas de respiración y meditación o relajación. También señala que los estudios realizados sobre esta práctica han encontrado posibles beneficios en aspectos como el bienestar general, el equilibrio o determinados problemas relacionados con el estrés, aunque los resultados dependen de aquello que se estudia y no debemos presentar el yoga como sustituto de la atención médica. Para quienes comienzan, esta combinación de movimiento y atención puede ser una de las diferencias más perceptibles respecto a otros ejercicios.

Personalmente, me parece que uno de los aspectos interesantes del yoga es precisamente que nos obliga a prestar atención a cosas que normalmente hacemos de manera automática. Respiramos todo el día, pero pocas veces pensamos en nuestra respiración. Nos movemos constantemente, pero tampoco solemos detenernos a observar cómo colocamos un pie o dónde estamos acumulando tensión. Durante una práctica de yoga, esos pequeños detalles adquieren protagonismo y pueden hacer que una hora de actividad se sienta bastante diferente a otros tipos de entrenamiento.

Pilates pone mucho énfasis en el control del movimiento

En una sesión de Pilates también encontramos respiración y concentración, pero el trabajo suele estar muy relacionado con el control corporal y la ejecución precisa de los ejercicios. No se trata de hacer movimientos rápidamente para acumular repeticiones. Normalmente, buscamos realizarlos de manera controlada, prestando atención a la posición del cuerpo y a la musculatura que participa. Esto explica por qué algunos ejercicios que parecen sencillos cuando los observamos pueden resultar bastante exigentes cuando intentamos realizarlos correctamente.

Una de las zonas que recibe especial atención es la región central del cuerpo. Abdomen, musculatura profunda y otras estructuras que participan en la estabilidad trabajan durante numerosos ejercicios. Sin embargo, sería demasiado simplista decir que Pilates consiste únicamente en fortalecer abdominales. Las sesiones pueden incluir movimientos de piernas, brazos, caderas, hombros y columna, además de ejercicios relacionados con movilidad, coordinación y control postural.

Tampoco debemos pensar que una clase tiene que ser agotadora para resultar útil. En Pilates podemos realizar movimientos pequeños que requieren bastante concentración y control. Cuando intentamos mantener correctamente una posición mientras movemos una pierna o un brazo, descubrimos que nuestro cuerpo tiene que realizar mucho más trabajo del que parecía inicialmente. Esta manera de entrenar puede sorprender especialmente a quienes están acostumbrados a relacionar el ejercicio únicamente con velocidad, sudor o grandes cargas.

La forma de empezar también puede adaptarse a cada persona

Cuando nunca hemos practicado ninguna de estas disciplinas, es normal sentir cierta inseguridad. Podemos pensar que necesitamos ser flexibles para hacer yoga o tener una buena condición física para empezar Pilates, cuando precisamente podemos acudir a una clase para desarrollar progresivamente esas capacidades. En relación con este asunto, los profesionales de Despierta y Entrena destacan que tanto las sesiones de yoga como las de Pilates pueden plantearse teniendo en cuenta las características y necesidades de cada persona, trabajando aspectos relacionados con el movimiento, la postura, la respiración y el control corporal. Esto ayuda a entender que comenzar no significa realizar perfectamente todos los ejercicios desde el primer día, sino aprender poco a poco y avanzar de acuerdo con nuestras propias posibilidades.

Además, debemos recordar que cada persona llega con una historia diferente. Alguien puede llevar varios años sin realizar ejercicio y otra persona puede practicar deporte habitualmente, pero no tener experiencia con estas disciplinas. También podemos encontrarnos con diferencias importantes de movilidad, fuerza, coordinación o equilibrio. Compararnos constantemente con quien tenemos al lado puede hacernos olvidar que estamos aprendiendo y que nuestro punto de partida no tiene por qué coincidir con el suyo.

Por eso resulta más razonable entender las primeras sesiones como un periodo de aprendizaje. Tendremos que familiarizarnos con nombres, posiciones, movimientos y formas de respirar que quizá nunca habíamos utilizado conscientemente. Algunas cosas nos resultarán sencillas y otras necesitarán bastante práctica. Lo importante es que podamos comprender las indicaciones, preguntar cuando tengamos dudas y avanzar progresivamente sin convertir cada clase en una competición.

La flexibilidad no debería decidir por nosotros

Una de las frases que escuchamos con frecuencia es que alguien no puede hacer yoga porque no tiene flexibilidad. En realidad, sería parecido a decir que no podemos empezar a correr porque todavía no tenemos resistencia. No necesitamos llegar a nuestra primera sesión siendo capaces de realizar posturas complicadas. La movilidad de cada persona es diferente y puede estar condicionada por numerosos factores, entre ellos la edad, nuestra actividad cotidiana, las características individuales y el ejercicio que hayamos realizado anteriormente.

Pilates tampoco exige que lleguemos con unas capacidades determinadas. Algunos ejercicios pueden adaptarse modificando el recorrido, la posición o la dificultad. Lo mismo sucede en yoga, donde existen apoyos y variantes que permiten ajustar determinadas posturas. Lo importante es evitar la idea de que tenemos que reproducir exactamente aquello que vemos hacer a otra persona. Nuestro cuerpo tiene unas características propias y trabajar dentro de nuestras posibilidades resulta mucho más sensato que intentar alcanzar una posición simplemente porque alguien más puede realizarla.

Antes de empezar, podemos tener en cuenta algunas cuestiones sencillas:

  • Qué queremos conseguir con la actividad y qué nos motiva a empezar.
  • Cuánto tiempo podemos dedicar realmente cada semana.
  • Si preferimos una práctica con mayor presencia de respiración y atención consciente.
  • Si nos interesa especialmente el control corporal y el trabajo de estabilidad.
  • Si tenemos alguna lesión, dolor o condición que debamos comunicar al profesional.
  • Qué tipo de clase nos resulta agradable y podemos mantener con cierta regularidad.

Estas preguntas no tienen respuestas correctas o incorrectas. Sirven simplemente para conocernos un poco mejor y evitar elegir una actividad únicamente porque esté de moda o porque otra persona nos haya dicho que es la mejor.

La intensidad puede ser muy diferente dependiendo de la clase

Existe la idea de que yoga y Pilates son siempre actividades suaves, pero esta descripción puede resultar engañosa. Una clase puede ser tranquila y estar centrada en movimientos lentos, mientras que otra puede resultar físicamente bastante exigente. En yoga encontramos una buena muestra de esta variedad. Una práctica de Hatha puede mantener determinadas posturas durante varios ciclos respiratorios, mientras que una sesión de Vinyasa suele enlazar los movimientos de una manera más dinámica. Eso cambia considerablemente la sensación que tenemos durante la actividad.

En Pilates también podemos modificar bastante la intensidad dependiendo de los ejercicios, las repeticiones, el nivel de los participantes y los materiales utilizados. Una persona que comienza puede trabajar versiones básicas y progresar poco a poco hacia movimientos que requieren mayor control o fuerza. No deberíamos interpretar estas adaptaciones como hacer una versión peor del ejercicio. Forman parte de un proceso normal de aprendizaje y permiten desarrollar capacidades sin exigir al cuerpo algo para lo que todavía no está preparado.

Por este motivo conviene preguntar por el nivel antes de apuntarnos a una clase. Si nunca hemos practicado, probablemente nos resulte más útil comenzar con una sesión para principiantes que entrar directamente en un grupo avanzado. Esto nos permitirá aprender las bases con mayor tranquilidad y comprender mejor las instrucciones. Con el tiempo podremos aumentar la dificultad si queremos, pero empezar progresivamente suele ser mucho más agradable que pasar nuestra primera hora intentando seguir movimientos que todavía no entendemos.

La constancia importa más que elegir la disciplina perfecta

Podemos pasar semanas buscando cuál de las dos actividades ofrece más ventajas, pero existe una cuestión mucho más sencilla que a veces olvidamos. Para que una actividad física forme parte realmente de nuestra vida, necesitamos practicarla con cierta regularidad. De poco sirve escoger sobre el papel una disciplina que parece perfecta si cada sesión nos resulta aburrida y terminamos abandonándola después de unas semanas. Encontrar algo que disfrutemos puede ser mucho más importante de lo que pensamos.

También conviene establecer expectativas razonables. Nuestro cuerpo no cambia de un día para otro y probablemente durante las primeras sesiones estemos más ocupados intentando comprender los ejercicios que observando grandes progresos. Poco a poco podemos familiarizarnos con los movimientos, sentir mayor control y reconocer mejor nuestras posibilidades. Esa evolución puede ser bastante motivadora porque comenzamos a realizar de manera natural cosas que inicialmente necesitaban toda nuestra concentración.

Podemos empezar con una o dos sesiones semanales y observar cómo responde nuestro cuerpo antes de aumentar la frecuencia. También debemos aceptar que habrá días mejores y peores. Quizá un movimiento que realizamos fácilmente una semana nos resulte más difícil en la siguiente porque estamos cansados o tenemos menos movilidad. Nuestro cuerpo no funciona exactamente igual todos los días y aprender a reconocer estas variaciones también forma parte de practicar ejercicio de una manera razonable.

Entonces, ¿es mejor empezar por yoga o por Pilates?

Después de conocer sus diferencias, podemos volver a la pregunta inicial y probablemente la respuesta siga dependiendo de cada persona. Si nos atrae especialmente una práctica donde movimiento, respiración y atención estén estrechamente relacionados, el yoga puede ser una opción interesante. Si buscamos un trabajo muy centrado en el control corporal, la estabilidad y la ejecución precisa de determinados ejercicios, Pilates puede encajar mejor con aquello que esperamos. Aun así, estas descripciones son generales y una clase concreta puede ofrecernos una experiencia diferente.

Tampoco tenemos que escoger una disciplina para siempre. Podemos probar varias sesiones y observar cómo nos sentimos. Incluso es posible combinar ambas porque comparten determinados aspectos y al mismo tiempo presentan diferencias suficientes para ofrecernos experiencias distintas. Algunas personas pueden sentirse más cómodas practicando yoga, otras disfrutar mucho más de Pilates y otras descubrir que alternar las dos actividades es precisamente lo que necesitan para mantener la motivación.

Lo verdaderamente importante es empezar desde nuestras posibilidades y dejar de pensar que necesitamos estar en forma antes de apuntarnos. Precisamente comenzamos para aprender, movernos y desarrollar poco a poco nuevas capacidades. Yoga y Pilates pueden parecer similares desde fuera, pero cuando los practicamos, entendemos mejor sus diferencias. Elegir entre uno y otro no debería convertirse en una preocupación excesiva. Podemos informarnos, probar y quedarnos con aquello que nos haga sentir cómodos y que podamos incorporar de manera realista a nuestra rutina.

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