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Los prefabricados de hormigón son una solución eficiente para el problema de la vivienda en España

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El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes retos sociales y económicos en nuestro país. El encarecimiento del suelo, la lentitud de los procesos constructivos tradicionales y la falta de oferta asequible han generado una brecha cada vez mayor entre la demanda y la capacidad real de muchas familias para comprar o alquilar una casa. En este contexto, los prefabricados de hormigón están ganando protagonismo como una de las soluciones más eficaces, rápidas y sostenibles para abordar este problema estructural.

La principal ventaja de este sistema constructivo es la rapidez de ejecución y es que, a diferencia de la obra tradicional, donde gran parte del proceso depende de trabajos ‘in situ’ y de las condiciones meteorológicas, los elementos prefabricados se producen en fábrica bajo condiciones controladas. Muros, forjados, pilares o módulos completos salen listos para su montaje en la obra. Esto reduce de forma drástica los plazos de construcción, lo que permite poner viviendas en el mercado en menos tiempo y aliviar antes la presión sobre la oferta. En un país donde los desarrollos urbanísticos pueden tardar años en completarse, acortar los tiempos de edificación tiene un impacto directo en la disponibilidad de viviendas.

La eficiencia económica es otro factor clave, puesto que la fabricación industrializada permite optimizar materiales, reducir desperdicios y mejorar la planificación. Al trabajar con procesos estandarizados y repetitivos, se minimizan errores y sobrecostes imprevistos, algo frecuente en la construcción tradicional. Además, la reducción de tiempos de obra implica menos gastos indirectos, como alquiler de maquinaria, personal en obra durante largos periodos o costes financieros asociados a promociones que tardan mucho en terminarse. Todo esto puede traducirse en precios finales más ajustados, facilitando la promoción de vivienda asequible tanto pública como privada.

Desde el punto de vista de la calidad, los trabajadores de Eiros nos cuentan que ofrecen grandes ventajas, dado que, al producirse en entornos industriales, los controles de calidad son más estrictos y constantes que en una obra convencional. Las piezas se fabrican con dosificaciones precisas, curados controlados y revisiones técnicas que aseguran un alto nivel de resistencia y durabilidad. Esto se traduce en edificios más sólidos, con menor probabilidad de patologías constructivas y menores costes de mantenimiento a largo plazo, algo especialmente relevante en promociones de vivienda social o protegida.

El comportamiento energético de estas construcciones también es un punto a favor. Los sistemas prefabricados permiten integrar con facilidad aislamientos térmicos de alto rendimiento y soluciones constructivas que mejoran la eficiencia energética del edificio. Un mejor aislamiento reduce el consumo de calefacción y refrigeración, lo que disminuye las facturas energéticas de los hogares, un aspecto crucial en un contexto de subida de precios de la energía. Además, la inercia térmica del hormigón contribuye a mantener temperaturas interiores más estables, mejorando el confort de los usuarios.

La sostenibilidad es otra de las razones por las que este modelo se considera una alternativa de futuro. La producción en fábrica genera menos residuos y facilita su gestión y reciclaje. También se optimiza el transporte, ya que los envíos se planifican de forma más eficiente. Aunque el hormigón tiene un impacto ambiental asociado a su fabricación, los avances en cementos de menor huella de carbono y en técnicas de optimización estructural están reduciendo progresivamente este impacto. A largo plazo, la durabilidad de estas construcciones compensa parte de su coste ambiental inicial al evitar demoliciones y reconstrucciones frecuentes.

Además, este tipo de productos prefabricados han superado el antiguo estigma de construcciones repetitivas o de baja calidad estética. Hoy en día permiten una gran flexibilidad de diseño, con diferentes acabados, texturas y configuraciones arquitectónicas. Esto facilita crear barrios atractivos y bien integrados en su entorno, evitando la imagen de uniformidad que antes se asociaba a la construcción industrializada.

Otras soluciones al problema de la vivienda

El problema de la vivienda en nuestro país es complejo y multidimensional, por lo que requiere una combinación de soluciones que aborden tanto la escasez de oferta como la accesibilidad económica y la sostenibilidad urbana. Además de la construcción con prefabricados de hormigón, existen múltiples enfoques que pueden contribuir a aliviar la presión sobre el mercado inmobiliario y mejorar el acceso a un hogar digno.

Una de las estrategias más evidentes es la promoción de vivienda social y protegida por parte de las administraciones públicas. Este tipo de vivienda está destinado a familias con ingresos limitados y se ofrece a precios regulados, reduciendo la brecha entre la demanda y la capacidad de pago. Los programas de alquiler protegido o compra con ayudas estatales permiten que más personas accedan a un hogar estable sin comprometer su economía, evitando situaciones de sobreendeudamiento o exclusión residencial.

La rehabilitación del parque de vivienda existente es otro punto a tratar, ya que muchas ciudades españolas cuentan con edificios antiguos que, aunque están en uso, requieren reformas importantes para cumplir con estándares de habitabilidad, eficiencia energética y seguridad. Invertir en rehabilitación puede incrementar la oferta disponible sin necesidad de ocupar más suelo, lo que además contribuye a regenerar barrios y reducir la presión sobre nuevas promociones. Esto incluye no solo la mejora de instalaciones y fachadas, sino también la adaptación de espacios para facilitar la accesibilidad y el confort de los residentes.

La movilización de vivienda vacía o desocupada también representa un recurso significativo y es que la realidad es que existen miles de inmuebles deshabitados en España que podrían incorporarse al mercado mediante incentivos fiscales, programas de alquiler social o la colaboración público-privada. Estas medidas no solo aumentan la oferta de manera inmediata, sino que también aprovechan recursos existentes en lugar de depender exclusivamente de la construcción de nuevas unidades.

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