En los últimos años, la hostelería española ha experimentado una transformación silenciosa, pero profunda, situándose a la vanguardia de las prácticas sostenibles en el ámbito comercial. Lo que antes parecía una excepción, hoy se ha convertido en rutina diaria de bares, cafeterías y restaurantes, que han asumido un papel activo en la protección del planeta. La sostenibilidad ya no es solo una tendencia: es un compromiso que se ha integrado en la experiencia del consumidor.
Un ejemplo lo encontramos en gestos cotidianos. Cuando pedimos un café para llevar, casi hemos olvidado que antaño se servía en vasos de plástico. Ahora, los establecimientos recurren a recipientes fabricados con celulosa, pensados para reducir residuos y facilitar el reciclaje. En los restaurantes sucede algo similar. Muchos han sustituido los manteles tradicionales por formatos individuales de un solo uso elaborados con papel reciclado, que posteriormente se vuelve a reciclar. Son pequeñas decisiones que, acumuladas, generan un impacto ambiental significativo y una nueva cultura en la forma de consumir.
Este cambio de mentalidad se percibe con tal naturalidad que, cuando entramos en un local y nos topamos con prácticas menos sostenibles, nos resulta extraño. La hostelería parece haber entendido mejor que otros sectores, incluido el comercio minorista, donde todavía predominan las bolsas de plástico, que la reducción de residuos y la adopción de materiales ecológicos forman parte del futuro.
Estas iniciativas representan solo una muestra del esfuerzo que bares y restaurantes están realizando por adaptarse a un modelo más respetuoso con el medioambiente. A lo largo de los últimos años, han incorporado nuevas políticas de gestión energética, reutilización de recursos y reducción del desperdicio alimentario, respondiendo tanto a las exigencias medioambientales como a la demanda de los clientes más concienciados.
Envases reciclados.
Actualmente, ver cómo nos sirven un café o un refresco para llevar en un vaso de celulosa reciclable es solo una muestra del cambio profundo que está experimentando la hostelería en materia ambiental. A este gesto se suma la sustitución de las tradicionales cucharillas, ya sean de plástico o de metal, por pequeñas paletas de madera, completamente biodegradables. Estas se descomponen de forma natural y rápida, convirtiéndose en materia orgánica compostable sin dejar residuos perjudiciales para la naturaleza.
Los bares también fueron pioneros en introducir las pajitas de celulosa. Aunque a algunos consumidores les resulten menos agradables al tacto que las de plástico, lo cierto es que su impacto medioambiental es prácticamente nulo. Esta sustitución, que hace pocos años parecía anecdótica, se ha convertido hoy en una práctica bastante extendida por la gran mayoría de bares.
A este cambio se suma el crecimiento del modelo de comida para llevar. Cada vez más restaurantes ofrecen su carta en formato “take away”, y lo hacen, en la mayoría de los casos, utilizando recipientes reciclables. No es una tendencia marginal. Según la revista digital Restauración News, aproximadamente el 22% de la facturación de los restaurantes en España procede ya de los servicios de comida para llevar y a domicilio, lo que ha impulsado de manera notable la demanda de envases ecológicos en el sector.
Hoy, cualquier bar o restaurante cuenta no solo con proveedores tradicionales, como los de café o bebidas, sino también con empresas especializadas en suministrar envases sostenibles, que se han convertido en un imprescindible.
El auge del delivery ha ampliado las posibilidades de consumo. Ya no recurrimos únicamente a comida rápida como pizzas o hamburguesas; muchos establecimientos ofrecen platos elaborados que podemos disfrutar en casa, desde menús completos hasta paellas de domingo encargadas en el restaurante del barrio. Este servicio no solo contribuye al crecimiento económico del sector, sino que también demuestra que la modernización y el respeto por el medioambiente no están reñidos.
Equipamiento responsable.
Los distribuidores de Mayfriho, una empresa que lleva más de 30 años proveyendo de equipamiento a bares y restaurantes de la provincia de Alicante, señalan que hoy en día para equipar un negocio de hostelería no solo se tiene en cuenta la efectividad de los equipos, sino también factores medioambientales como la eficiencia energética.
La apuesta por la sostenibilidad en la hostelería no se limita a utilizar vasos reciclables o envases ecológicos. También implica elegir un equipamiento eficiente que permita reducir el consumo energético y, con ello, el impacto ambiental y los costes del negocio. Hoy en día, gracias a internet, cualquier restaurante puede renovar su cocina con electrodomésticos de bajo consumo de manera rápida y sencilla, eligiendo entre un catálogo mucho más amplio que el que tenía disponible hace apenas unos años.
Los fabricantes de maquinaria profesional han incorporado tecnologías orientadas al ahorro energético: hornos que recuperan parte del calor que generan, lavavajillas industriales que optimizan el uso del agua o frigoríficos con sistemas de refrigeración más sostenibles. Estos pequeños avances tienen un efecto enorme en el día a día, porque una cocina industrial funciona muchas horas seguidas y cualquier mejora en eficiencia se traduce en una reducción del consumo energético.
Por ejemplo, un lavavajillas de clase A puede llegar a consumir hasta un 30% menos de electricidad que uno antiguo, además de necesitar menos litros de agua en cada lavado. Para un restaurante con varios servicios al día, esta diferencia no solo se nota a final de mes en la factura, sino también en la huella hídrica del establecimiento. Otro ejemplo interesante son las placas de inducción profesionales, que calientan únicamente la superficie del recipiente y no el aire de alrededor, lo que reduce la pérdida de calor y mejora el confort térmico en la cocina.
Muchos proveedores ofrecen instalación y mantenimiento especializado, lo que garantiza que estas máquinas continúen funcionando todo el tiempo. Esto es crucial, porque una avería en pleno servicio puede suponer retrasos, pérdida de producto o la imposibilidad de servir el plato estrella de la carta
La transición hacia una hostelería más responsable pasa por estas decisiones cotidianas. Equipar una cocina con maquinaria sostenible no es solo modernizar el negocio; es comprometerse con un establecimiento que cuida el planeta y se asegura la rentabilidad a largo plazo.
Cocina de proximidad.
Cada vez más restaurantes presumen de trabajar con una cocina de kilómetro cero o de proximidad. Esta filosofía se ha convertido en un sello de compromiso con el medioambiente y con el propio consumidor, al garantizar que los platos se elaboran con materias primas de calidad procedentes de la zona. Conviene recordar que la cocina de Km 0 no define un tipo concreto de gastronomía, sino un modo de seleccionar los ingredientes. Puede aplicarse tanto en propuestas tradicionales como en recetas asiáticas o en creaciones de alta cocina: lo importante es que los productos provengan de productores locales.
La principal ventaja medioambiental de esta práctica es la reducción de la huella de carbono. Al adquirir alimentos en el entorno cercano, se necesita menos combustible para transportarlos, y se minimizan los procesos de almacenamiento prolongado. Sin embargo, como explica el blog de Supercash, los beneficios van mucho más allá del impacto ecológico.
La cocina de kilómetro cero dinamiza la economía local. Al comprar directamente a agricultores, ganaderos o pescadores de la zona, el restaurante apoya el desarrollo del sector primario y ayuda a que el beneficio llegue de forma más directa a quienes producen los alimentos. En muchos casos, la ausencia de intermediarios permite obtener mejores precios para el negocio y aumenta el margen de beneficio económico para el productor.
Trabajar con productos de proximidad implica utilizar alimentos frescos y de temporada. Esa cercanía “de la huerta a la mesa” permite elaborar platos en los que el producto es el auténtico protagonista y favorece una alimentación más natural y saludable. En definitiva, la cocina de Km 0 no solo cuida del planeta, también la economía local y la salud del cliente
Reciclado en el local.
En cada zona de trabajo, la cocina, la barra o la sala, siempre hay varios cubos destinados a separar lo que se desecha a lo largo del día. Al finalizar la jornada, el personal deposita cada bolsa en el contenedor adecuado, siguiendo un proceso que se ha vuelto rutinario pero muy eficaz.
Pocas actividades realizan una selección tan cuidadosa de residuos como la hostelería. En muchos locales, bajo las encimeras o en rincones discretos, se esconden recipientes específicos para vidrio, papel, envases y restos orgánicos. Incluso en los baños suele haber papeleras para las toallitas de celulosa, de modo que nada quede fuera de su lugar. Ximo, un propietario de un restaurante del barrio valenciano de Benimaclet, explica que esta organización también evita conflictos con los vecinos: si estos ven bolsas llenas de botellas en el contenedor equivocado, asumen inmediatamente que provienen del bar.
Con el tiempo, este hábito se ha convertido en parte de la cultura de la hostelería y en un ejemplo para muchos ciudadanos, que a veces no somos tan rigurosos en casa. La conciencia ecológica está muy presente en nuestra sociedad y valoramos cada vez más a quienes actúan de una forma responsable. Aunque no siempre lo publiciten, los bares y restaurantes llevan años aplicando medidas sostenibles que cuidan el planeta.