Hasta hace no mucho, cuando oíamos hablar de las obras públicas en nuestro país. Lo más normal era pensar en túneles, carreteras, etc. El caso es que desde hace unos años, son otras las empresas que, de manera más discreta y menos visible que las clásicas, se dedican a cambiar de manera silenciosa el paisaje.
Hablamos de las empresas medioambientales, que no se dedican a construir edificios, lo que hacen es restaurar entornos de carácter natural, arreglando senderos, instalando pasarelas de madera, plantando árboles y devolviendo vida a algunas zonas que fueron abandonadas o que la mano del hombre ha deteriorado gravemente.
Un trabajo entre la ingeniería y la ecología
Este tipo de empresas, como nos comentan desde los expertos de Orbe, que de esta labor saben un rato, apuestan por la integración de las estructuras. Aunque es cierto que en muchas ocasiones suelen pasar de manera discreta desapercibidas, lo cierto es que podemos notar su presencia en la recuperación de las riberas, en esos miradores de madera que se asoman a los valles o en esos caminos rurales que actualmente podemos recorrer sin perdernos. Aunque muchas veces no se sepa, lo cierto es que detrás de ese tipo de intervenciones tan necesarias, podemos encontrar cuadrillas en las que hay biólogos, carpinteros, técnicos y demás operarios que, en vez de cemento, lo que hacen es trabajar con raíces, suelo y con el aire.
El paso de un vertedero a un refugio
Ahora solemos ver con cada vez más frecuencia cómo un vertedero ilegal o una cantera abandonada se convierte en un espacio verde, zona de ocio o incluso en reserva de la biodiversidad. Son una serie de transformaciones que no ocurren solas. Se necesita planificar, restaurar el terreno, eliminar los residuos y las plantaciones autóctonas, poniendo eso tan valioso como es el contar con una mirada a largo plazo que se interese por la durabilidad de la labor que se realice.
Existen en España empresas que se han ido especializando en el sector medioambiental y lo que han hecho ha sido ocupar dicho espacio. Hay zonas como en el centro donde hemos podido ver cómo se han llevado a cabo proyectos de revegetación en escombreras y áreas que fueron víctimas de incendios y que hoy son bosques jóvenes.
Podemos ver cómo en Castilla y León o Galicia, hay empresas que se dedican a trabajar en la recuperación de humedades y riberas. Siempre la filosofía es semejante, lo que se busca es reconstruir los procesos de forma natural sin tener que imponerlos, de tal forma que se deje que el agua, la vegetación o la flora y fauna vuelvan para encontrar su equilibrio.
Hay ingenieros forestales que se dedican a la coordinación de proyectos que dicen que este tipo de trabajos son obras, pero que tienen unos ritmos particulares, puesto que los resultados se van a medir en temporadas de lluvias, no en meses de hormigón seco.
Unas rutas que cuentan historias
No solo restaurar; otro de los pasos que se hacen después en bastantes proyectos es trabajar a fondo para que las personas puedan disfrutar de verdad del entorno sin que se produzcan daños. Esto hace que las señalizaciones de rutas y senderos hayan cobrado mucha más importancia.
No consiste solo en pintar unas flechas o de proceder a la instalación de postes, hablamos de algo tan importante y útil como el diseño de recorridos con seguridad, de forma didáctica y respetuosa.
Todo el mundo que haya caminado por una ruta bien señalizada, como hago yo normalmente por el parque de Polvoranca en Alcorcón, lo que hace es disfrutar de unos paneles que lo que hacen es explicar la flora, donde hay carteles discretos realizados en madera, por ejemplo. En otros los hay que tienen miradores que se abren paso entre los árboles.
En ellos, se pueden observar los resultados de un trabajo que está bien ideado y pensado. Son unas actuaciones que, a primera vista, pueden parecer menores, pero que tienen una gran capacidad para transformar los lugares. Sirven para orientar al visitante, evitan que se erosione el terreno y transmiten conocimiento sobre el propio entorno sin necesidad de que haya intermediarios.
Los materiales importan
Algo que tiene mucha relevancia son los materiales que se escogen. En estos casos, se prefiere el apostar por la madera frente a los plásticos o los metales. Todo está diseñado para que esté bien integrado en el propio paisaje, no para que destaque sobre él mismo. Existen algunos proyectos que están fabricados en talleres locales, como mesas, pasarelas o bancos, para que así se reduzca la huella del transporte y ayude a favorecer la propia economía del entorno.
Los trabajos verdes que construyen sin necesidad de romper
Entre las virtudes más importantes que tiene el sector, podemos hablar de la mezcla existente entre oficios de toda la vida y la conciencia medioambiental. En la misma obra es sencillo poder ver a un carpintero rural que trabaje codo a codo con un ambientólogo, o a un topógrafo que revise mediante un dron cómo evoluciona una plantación.
Las técnicas en el sector de la construcción las técnicas han ido evolucionando. Ya no solo se excava o hormigona, ahora se da prioridad a que se fije de manera natural el suelo, que se produzca una regeneración vegetal o que se estabilicen los taludes con sistemas vivos.
Algo que ocurre en los humedales, es que se instalan ya pasarelas realizadas con madera flotante con las que es posible el paso de las personas, sin que ello suponga perjudicar al terreno. En las áreas de alta montaña, lo mejor es optar por pasos hechos con piedra natural que guíen a los senderistas sin que su entorno quede invadido.
La construcción ya no es sinónimo de dominio del paisaje, supone entenderlo, como dicen los técnicos, una frase que, aunque puede que suene algo literaria o poética, vale muy bien para poder representar una realidad que vivimos en estos tiempos y que deja bien claro el cambio de mentalidad que se ha producido.
Las licitaciones verdes y empleo local
Otro tema que se conoce menos de este tipo de empresas es el papel tan importante que tienen en las obras públicas. No olvidemos que todos los años, los ayuntamientos, las disputaciones y los parques naturales lo que hacen es licitar proyectos para la adecuación ambiental, de tal manera que se ocupan del mantenimiento de las sendas, de limpiar los cauces, de restaurar los taludes o de instalar mobiliario ecológico.
Este sector se puede decir que no es para nada objeto de improvisaciones puesto que precisa de maquinaria altamente especializada, grandes conocimientos a nivel técnico y un cumplimiento de manera rigurosa de las normativas en el plano medioambiental.
Este tipo de contratos, aunque puede que sean más modestos en cuanto a presupuestos que los que se producen por parte de las grandes empresas constructoras, lo que hacen es generar un gran impacto en la economía local.
En bastantes pueblos, son una fuente de empleo verde lo más estable, en especial entre los trabajadores del sector forestal o entre jóvenes técnicos que se encuentran en paro.
La llegada de los fondos europeos del Plan de Recuperación ha hecho que aumenten la cantidad de proyectos en España. Se ha producido un impulso bastante importante a nivel de actuaciones para reforestar, restaurar espacios naturales y crear infraestructuras verdes. Esto hace que el empleo vinculado a este sector en cuestión va a seguir creciendo de forma vigorosa.
La innovación sin perder el foco en la importancia de la raíz
Aunque su naturaleza es de carácter artesanal, lo cierto es que las empresas de carácter medioambiental han abogado por sumarse al carro de adoptar herramientas digitales. Las hay que ya no tienen problema alguno en usar los drones para hacer control aéreo en las obras que se realizan o sistemas GIS con los que es posible hacer la planificación de las rutas e ir calculando pendientes sin que ello suponga que se altere el terreno. En este sentido, podemos ver cómo hay proyectos en los que se va a combinar los elementos físicos con las tecnologías digitales.
Hay códigos QR en paneles informativos que lo que hacen es enlazar con variadas explicaciones en cuanto a fauna, aplicaciones móviles y rutas guiadas donde se realizan interpretaciones de todo lo que se ve. Podemos decir que la tecnología en esta clase de contexto amplía la experiencia que tiene el paseo.
Eso sí, los responsables de dichas iniciativas, recuerdan que lo fundamental es lo que es tangible. Hablamos de la sombra de un roble, el sonido del agua, el dolor de la madera nueva después de la lluvia. Como principal objetivo no es tecnificar la naturaleza, sino ayudar a un mejor conocimiento.
El valor de lo pequeño
Hay que quedar con que con frecuencia esta clase de proyectos no los vemos en los titulares de los periódicos, tampoco verás que muevan unas cifras de infarto a nivel presupuestario, pero el efecto que tienen a largo plazo es bastante profundo.
Los senderos que se recuperan, las pasarelas de madera o cada zona que es objeto de revegetación ayuda a que mejore el paisaje y se refuerce el vínculo entre el territorio y las personas.
En los sitios en los que la despoblación vació el campo, esta clase de trabajos lo que hace es devolver los motivos para quedarse en él. No solo es que se conserva el medio ambiente, es que colaboran a que se genere una mayor identidad. Aquí, recuperar una senda antigua o restaurar una ribera no es un tema solo ecológico; hablamos de un acto de memoria.
¿Hacia un futuro más verde y ecológico?
Parece claro que el futuro en este sector tiende a lo verde. En los próximos años hay factores como el famoso cambio climático o las políticas de transición ecológica que harán que todo pase a ser mucho más importante. No hablamos solamente de que los paisajes sean más bonitos o de atraer a más personas hacia un turismo sostenible, lo hacemos de un refuerzo de los territorios frente a los incendios, las sequías y la pérdida gradual de algo tan importante como es la biodiversidad.
En España tenemos la suerte de que se ha desarrollado un tejido importante de pequeñas y medianas empresas que tienen conocimientos locales, algo que es fundamental en un país de tanta diversidad como este.
El reto que se presenta ahora es que se pueda mantener la calidad y algo tan importante como la coherencia en las intervenciones que se producen según vaya aumentando la demanda en este sentido.
Pensemos que el hecho de ponerse a construir una senda o también una pasarela es algo que puede parecer sencillo, pero detrás de cada uno de los tablones que se ponen, existe una filosofía que apuesta por el respeto, el equilibrio y la permanencia.
Estamos en un mundo actual en el que casi todas las cosas se miden por factores como la velocidad o la rentabilidad y este tipo de empresas, aunque lógicamente lo tienen en cuenta, también saben que deben trabajar al ritmo que la naturaleza exige, motivo por el cual sus obras, pacientes integradas en el entorno y lo más silenciosas que pueden, buscan dejar una huella distinta, la famosa huella verde.
Conclusiones
Después de todo lo que hemos comentado, parece claro que el medio ambiente y los trabajos que se realizan precisan de profesionales de verdadera calidad, puesto que es verdad que la sociedad ha avanzado y tiene otras necesidades.
En el parque, la Polvoranca que mencioné antes es un buen testigo de lo que ha avanzado, puesto que hace años los trabajos no tenían casi nada en cuenta el medio ambiente, y ahora hay muchos más paneles explicativos en madera, señalizaciones con materiales verdes y todo se ve más cuidado y pensado en la mejor integración posible con el entorno. Nuestro planeta ya no nos da muchas opciones, por lo que apostar por este tipo de empresas que respetan y trabajan con y por el medio ambiente tiene mucho sentido y merece mucho la pena.